El regalo que compartimos

josé najar Dec 15, 2021

José Najar

Tiempo aproximado de lectura: 5 minutos

Hay algo especial y único en estas fechas navideñas más allá de lo que recordamos y celebramos sobre un hecho histórico.

Recordamos el nacimiento del hombre que vivió y murió siendo radicalmente congruente con la misma verdad reconocida por las mayores religiones y tradiciones espirituales del mundo: que somos presencias de Dios encarnados en formas humanas.

Celebramos este hecho histórico de múltiples maneras alrededor del mundo. En occidente la costumbre generalizada es compartir el pan con amigos y familiares; y en algunos hogares mexicanos, previo a la cena de la noche de navidad, los peregrinos José y María piden posada cantando. Representación del hermoso recuerdo de lo que se dice que fue en su camino a Belén.

Nunca faltan en esta celebración los buñuelos, las natillas y el pavo o el pollo cocinado con la receta tradicional de la familia.

Las familias se reúnen, los amigos se reencuentran y se brinda con ponche o con guaro. Hay abrazos, risas y hasta treguas. Son asomos de la paz que representa esa noche. Es noche de paz, noche de amor donde todo duerme alrededor…

Se intenta vivir esa paz que se percibe en el rostro inocente de todo niño recién nacido. La paz que en muchos rostros adultos parece perdida.

Llegado el momento, en esa noche o al siguiente día, surgen explosiones de alegría. Los regalos se abren y hay abrazos, hay juguetes y, por instantes, nos despojamos de nuestras máscaras de adultos y nos deleitamos con las sorpresas. Tocamos a ese niño interno que aún nos habita.

Hay regalos para todos en ese intercambio. Uno es para él y otro para ella. Hay también para el niño, la niña, para la abuela y el abuelo. Cada uno tiene el suyo.

Y… ¿cuál es el nuestro?

Detengámonos un momento en medio de la algarabía y volvamos al origen. Caminemos la senda que el hijo pródigo caminó de regreso a casa y traigamos su perfume a la mesa, al abrazo y a la risa.

Que no sea esta celebración otro atisbo fugaz de la felicidad siempre añorada. Cambiemos el sentido de lo que hacemos. No lo hagamos en pos de la felicidad, hagámoslo desde la felicidad, fuente y naturaleza de lo que somos.

Desvelemos el regalo que es el nuestro y reconozcamos que en verdad compartimos no solo nuestra humanidad, también la divinidad. Somos espíritu, somos consciencia viviendo temporalmente una experiencia humana.

Regala la paz que eres y comparte la abundancia que por vivir heredas.

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