¡Alto, alto, cowboy! Antes de desenfundar tu siguiente juego o dinámica, piensa un poco
Raúl Aramayo
Vivimos en tiempos donde parece que todo aprendizaje, toda reunión, todo proceso de trabajo tiene que ser dinámico, entretenido y divertido. Nos han hecho creer que si no hay juegos, si no hay post-its de colores, si la gente no está brincando en círculos, entonces no están aprendiendo nada.
Y así terminamos con sesiones de facilitación que parecen más un espectáculo de feria que un espacio de pensamiento serio. Empresas que meten “gamificación” en cada formación corporativa. Talleres que comienzan con actividades tipo “¡Dile a la persona a tu derecha qué animal serías y por qué!”. Y al final del día, todos se divirtieron, pero nadie aprendió nada que realmente transforme su manera de actuar.
Si antes de cada conversación difícil desenfundas una dinámica como si fuera tu única bala en el cinturón, te tengo noticias: estás usando el juego para evitar lo que realmente hay que trabajar.
Vamos a hablar de la falacia del aprendizaje lúdico y de por qué meter juegos en todo no es la gran solución que te han hecho creer.
1. No todo se soluciona con una mecánica “divertida”
El aprendizaje no siempre es ligero ni entretenido. A veces es difícil, a veces es incómodo, a veces es frustrante. Pero en esta cultura de la inmediatez, nos han vendido la idea de que si algo no es “divertido”, no sirve.
- ¿Las conversaciones difíciles generan tensión? Hagamos un juego de cartas para que sea más “llevadero”.
- ¿El equipo no está alineado? Usemos una dinámica de role-playing para que “lo vivan en carne propia”.
- ¿Nadie quiere hablar del problema real? Saquemos los post-its y hagamos un brainstorming con colores bonitos.
Error. No todo problema necesita una dinámica. A veces lo que se necesita es sostener la incomodidad sin evadirla con mecánicas “creativas”.
2. Si todo es juego, nada es aprendizaje
Una cosa es integrar elementos lúdicos para hacer un proceso más accesible. Otra cosa es convertir la facilitación en un parque de atracciones donde todo es dinámico pero nada es profundo.
El problema de la gamificación forzada es que convierte el aprendizaje en una experiencia superficial:
- Si todo es “divertido”, entonces la gente no se enfrenta a la dificultad de repensar sus propias ideas.
- Si todo es dinámico, no hay tiempo para procesar lo que realmente se está diciendo.
- Si el criterio es solo “mantener a la gente enganchada”, terminamos priorizando la actividad sobre la comprensión.
Cuando el aprendizaje depende únicamente de que la gente se divierta, se convierte en un ejercicio de estimulación sin profundidad.
3. La diversión no es lo mismo que la transformación
Aquí está el gran error: confundir participación con impacto.
Que un grupo esté activo en una dinámica no significa que esté aprendiendo algo significativo.
- Los videos virales de TikTok te enganchan, pero no te hacen más sabio.
- Las trivias interactivas pueden hacer que recuerdes datos, pero no te enseñan a pensar diferente.
- Llenar una pizarra con post-its de ideas no significa que se haya tomado ninguna decisión real.
El aprendizaje real requiere procesos de reflexión, análisis y síntesis, no solo “mucha participación”. Porque al final, no importa cuánto se divirtió la gente en la sesión, sino si salieron de ahí pensando de manera diferente a como llegaron.
4. Si usas el juego para evitar lo difícil, estás escapando del problema real
Muchas veces, las dinámicas lúdicas no se usan para potenciar el aprendizaje, sino para evitar las conversaciones incómodas.
- En lugar de hablar de la falta de confianza en el equipo, hacemos ejercicios de “construcción de confianza” con vendas en los ojos.
- En lugar de enfrentar el problema de liderazgo, hacemos una dinámica sobre “tipos de liderazgo” y que cada quien escoja su favorito.
- En lugar de abordar las tensiones reales en un grupo, hacemos actividades de integración para “mejorar la comunicación”.
Si necesitas una dinámica para que la gente se anime a hablar, entonces el problema no es la metodología. Es que el espacio no es seguro para decir lo que realmente importa.
Si usas el juego como una excusa para evitar el conflicto, estás facilitando evasión, no aprendizaje.
5. La profundidad no siempre es “divertida” (y eso está bien)
El aprendizaje profundo a veces es incómodo. A veces implica quedarse en el silencio. A veces requiere un nivel de concentración que no se siente “ligero” ni “fluido”.
Pero aquí estamos, obsesionados con que todo debe sentirse fácil y ameno, y si una actividad no genera “energía positiva”, entonces “no está funcionando”.
Pues bien:
- La incomodidad también es aprendizaje.
- La pausa también es aprendizaje.
- La resistencia también es aprendizaje.
Si evitas cualquier cosa que no sea liviana, no estás facilitando transformación. Estás facilitando entretenimiento.
6. ¿Entonces nunca usamos dinámicas?
Claro que sí. Pero con criterio.
El problema no es el juego en sí, sino el mal uso que se le da. Las dinámicas funcionan cuando:
✔ Se usan para abrir una conversación, no para evitarla.
✔ Son un medio para profundizar, no un fin en sí mismas.
✔ Se diseñan con propósito, no solo para “hacer más participativa la sesión”.
✔ Se combinan con espacios de reflexión real, en lugar de ser el 90% del proceso.
Un buen facilitador no desenfunda una dinámica sin pensar primero si realmente es lo que se necesita en ese momento.
Si el grupo ya está listo para hablar del problema de fondo, no metas una dinámica solo porque “hace falta más interacción”.
Si la conversación se está poniendo densa y profunda, no metas un rompehielos solo porque hay que “aligerar la energía”.
Si ya hay claridad en las ideas, no metas una actividad de juego solo porque “hay que cerrar con algo divertido”.
Porque cuando el aprendizaje se convierte en un desfile de juegos sin propósito, dejamos de estar facilitando y empezamos a hacer recreación.
Piensa Antes de Disparar
Si cada vez que acompañas a un grupo, lo primero que piensas es “¿qué actividad puedo hacer para que esto sea más dinámico?”, detente.
Antes de desenfundar tu próximo juego, pregúntate:
- ¿Es realmente necesario o estoy evitando lo difícil?
- ¿Esto va a generar profundidad o solo entretenimiento?
- ¿Estoy ayudando al grupo a pensar mejor o solo a mantenerse activo?
Porque si la facilitación solo busca mantener la atención y la participación sin generar transformación real, entonces no es facilitación.
Es show.
Es animación de grupos con un barniz de aprendizaje.
Así que, antes de sacar tu próxima dinámica como si fuera una pistola de soluciones instantáneas, piensa bien si realmente es lo que el proceso necesita.
Porque si la única bala que tienes es el juego, entonces tal vez no estás resolviendo nada.
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